Crisis de seguridad en México genera inquietud por el Mundial 2026

La reciente muerte del líder narcotraficante Nemesio Oseguera Cervantes desencadenó una compleja crisis de seguridad en México, situación que abrió interrogantes en torno a las condiciones que ofrecerá el país de cara a la organización del Mundial de Fútbol 2026, evento que compartirá con Estados Unidos y Canadá.
Los enfrentamientos armados registrados principalmente en el estado de Jalisco elevaron la preocupación internacional respecto de las garantías de seguridad para delegaciones y visitantes. En ese contexto, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum buscó llevar tranquilidad al afirmar que no existe “ningún riesgo” para quienes asistan a la cita planetaria.
Pese a esas declaraciones, reportes internacionales señalaron que la FIFA solicitó antecedentes detallados sobre los planes de contingencia y resguardo policial en las zonas afectadas por la violencia, en medio del proceso organizativo del torneo.
El impacto de la crisis se reflejó de inmediato en el calendario deportivo. La selección de Bolivia, que debe disputar en marzo la repesca intercontinental en la ciudad de Monterrey, anunció el envío de una comunicación formal al ente rector del fútbol mundial para exigir un refuerzo significativo de las medidas de seguridad destinadas a su delegación.
La situación evocó antecedentes en los que el orden público condicionó la realización de competencias internacionales. En 2001, Colombia organizó la Copa América en medio de un complejo escenario interno, lo que derivó en la ausencia de Argentina y Canadá. En 2019, el estallido social en Chile obligó a trasladar la final de la Copa Libertadores desde Santiago a Lima.
Asimismo, en 2018, los incidentes protagonizados por hinchas de River Plate llevaron a la Conmebol a trasladar la final continental frente a Boca Juniors hasta la ciudad de Madrid, reafirmando cómo las crisis de seguridad externas pueden alterar de forma decisiva la planificación del deporte de alto nivel.




