Un 86% de las playas chilenas está desapareciendo bajo una erosión acelerada

Un diagnóstico calificado como alarmante evidenció el grave deterioro que enfrenta la costa chilena, con una pérdida acelerada de playas a lo largo del país. De acuerdo con el análisis presentado, el 86% de los litorales arenosos registra una erosión agravada, con retrocesos superiores a un metro y medio por año.
La situación fue descrita como una amenaza directa no solo para el turismo y la economía local, sino también para espacios considerados clave para el bienestar y la restauración emocional de la población. El escenario proyectado para la próxima década fue calificado como crítico, con impactos profundos en diversos balnearios del país.
Uno de los casos más representativos es Algarrobo, donde el desarrollo inmobiliario ha sido definido como invasivo y desbordado. La expansión urbana a lo largo del borde costero ha alterado ecosistemas altamente frágiles, como humedales y dunas, sin que los instrumentos de planificación territorial hayan logrado regular de manera efectiva estos usos.
La edificación de inmuebles prácticamente sobre el intermareal ha impedido que las playas puedan restaurarse de forma natural tras las marejadas. Esta intervención genera un atrapamiento de la arena, acelerando su pérdida y debilitando aún más la dinámica costera.
El análisis plantea que la playa no debe entenderse únicamente como una franja de arena, sino como un sistema interconectado que depende de humedales, cuencas andinas, dunas y praderas de algas. La intervención de ríos, la urbanización de quebradas y la alteración de estos ecosistemas interrumpe el suministro de sedimentos necesarios para la mantención natural de las playas.
Asimismo, se advierte que las algas submarinas cumplen un rol fundamental al disipar la energía de las marejadas e incluso de eventos extremos como tsunamis, por lo que su degradación incrementa la vulnerabilidad del borde costero.
De cara al futuro, el panorama para balnearios emblemáticos como Reñaca, Algarrobo y la playa Miramar en Viña del Mar fue descrito como altamente incierto. Pese a la activación de las cuencas, la arena no logra recuperarse en los volúmenes necesarios debido al impacto acumulado de la intervención humana y la urbanización del litoral.




