Japón enfrenta histórica caída poblacional y busca reinventar sus ciudades ante el avance del envejecimiento

Japón atraviesa una de las transformaciones demográficas más profundas de su historia. Los datos preliminares del censo de 2025 revelaron que la población del país disminuyó en 3,1 millones de personas durante los últimos cinco años, la mayor reducción registrada hasta ahora.
La cifra representa una caída de 2,46% respecto de 2020 y sitúa a la población japonesa en 123,04 millones de habitantes. El descenso se produce después de que el país alcanzara su máximo histórico de 128 millones de personas en 2008, iniciando una tendencia que, según proyecciones oficiales, podría reducir la población a 87 millones hacia 2070.
El fenómeno refleja una combinación de factores que preocupa a las autoridades: una baja natalidad persistente y un acelerado envejecimiento. Actualmente, cerca del 30% de los habitantes tiene más de 65 años, mientras que en 2025 se registraron apenas 705.809 nacimientos, la cifra más baja desde que existen registros en 1899.
Las consecuencias de esta realidad ya se sienten en distintos ámbitos. La falta de mano de obra, la presión sobre los sistemas de salud y pensiones, además del progresivo abandono de zonas rurales, se han convertido en desafíos cada vez más complejos para el país.
Una de las ciudades que intenta adaptarse a esta nueva realidad es Kobe. Tras décadas de crecimiento impulsado por el auge demográfico posterior a la Segunda Guerra Mundial, la ciudad alcanzó su máximo poblacional en 2010 y desde entonces comenzó a perder habitantes.
El alcalde de la ciudad, Kizo Hisamoto, ha reconocido que el envejecimiento y la disminución de la población obligan a replantear las políticas urbanas de largo plazo. Entre las medidas impulsadas se encuentran subsidios para la demolición de viviendas abandonadas, programas de remodelación para uso comunitario y proyectos destinados a recuperar terrenos vacíos.
Actualmente, Kobe registra más de 118 mil viviendas desocupadas, una situación que se repite en numerosas localidades japonesas afectadas por la despoblación.
Como parte de su estrategia, la ciudad también decidió restringir la construcción de grandes torres residenciales, apostando por un desarrollo urbano más acorde con una población en descenso.
Sin embargo, el fenómeno no afecta de igual manera a todo el país. Mientras numerosas regiones rurales y ciudades medianas pierden habitantes, las grandes áreas metropolitanas continúan creciendo. La capital, Tokio, sumó cerca de 200 mil residentes en los últimos cinco años, consolidando una concentración demográfica que preocupa a las autoridades.
El gobierno japonés reconoce que esta tendencia está profundizando las diferencias territoriales y obligará a redefinir la planificación urbana, económica y social del país durante las próximas décadas.




